Ciencia para todos desde el CEBAS

Enrique Playán es Profesor de Investigación del CSIC en la Estación Experimental de Aula Dei (EEAD), ha Gestionado el subprograma Agrícola y Forestal del Plan Estatal de I+D+i, y ha coordinado la Iniciativa Europea de Programación Conjunta sobre Agua. En la actualidad es Coordinador del Área de Ciencias Agrarias del CSIC.

Enrique Playán

Entrevista Realizada por María Jesús Sánchez Blanco, Investigadora Científica del CEBAS-CSIC, y vocal de la Sociedad Española de Fisiología Vegetal (SEFV).

  • SEFV: Como investigador implicado en la gestión de la ciencia en el ámbito Nacional durante los últimos años y, por tanto, conocedor de las limitaciones y problemas que pueda tener el funcionamiento y la financiación de la Ciencia en España, ¿qué opinión te merece la reciente creación de la Agencia Estatal de Investigación, en donde habrá un Consejo Rector con un responsable ejecutivo que podrá gestionar las ayudas de los distintos ministerios e incluso fondos privados como los derivados del mundo empresarial? ¿Qué beneficios diferentes a los existentes puede suponer para los distintos OPIs (CSIC, Universidades, Centros tecnológicos, etc.), teniendo en cuenta las características propias de cada una?   La experiencia en la creación de la Agencia estatal del CSIC no ha sido tan positiva como se esperaba. ¿Tiene algo en común o estamos hablando de temas distintos?

Enrique Playán (EP): La Agencia Estatal de Investigación (AEI) se ha creado para responder al mandato de la Ley de la Ciencia, la tecnología y la Innovación, que fue aprobada en 2011 con el apoyo de todos los Grupos Parlamentarios. Desde hace décadas las Agencias son un elemento común en la gestión de la ciencia en los países de la Unión Europea, así como en la propia Comisión Europea. La elaboración de las políticas de I+D+i suele quedarse en el Ministerio, mientras que la gestión de las convocatorias, la evaluación y el seguimiento suele pasar a la Agencia. En este sentido, el diseño de la AEI tiene un corte moderno, y se alinea con la estructura adoptada por nuestros socios estratégicos. La Agencia puede aportar independencia en la gestión, flexibilidad en el uso de los fondos y agilidad. El Director de la Agencia será un científico reconocido, lo que es una larga aspiración de la Comunidad Científica Española. Como en todos los desarrollos políticos, los detalles son tan o más importantes como la idea general. Será preciso ver cómo la Agencia se desarrolla en los próximos años para valorar su incidencia sobre todo nuestro tejido de I+D+i. En la actualidad el modelo administrativo de “Agencia Estatal” está bajo revisión y parece que esta fórmula será sustituida por una de las que se están definiendo en un nuevo texto legal. En España hay un buen número de Agencias Estatales, y sin duda se buscará su acomodo en el nuevo marco. Es fundamental que la flexibilidad y la independencia de la AEI se preserven. Sólo de esta manera se podrá garantizar la estabilidad de nuestro sistema de I+D+i. En el caso del CSIC, el modelo de Agencia Estatal no ha permitido alcanzar todavía todos los beneficios que se esperaban. Fundamentalmente esto se ha debido a que todavía no se ha aprobado un Contrato de Gestión para la Agencia Estatal CSIC. Las dificultades económicas de los últimos años sin duda han dificultado asimismo la operación del CSIC.

  • SEFV: En este nuevo Organismo se podrán conjugar e integrar todos los intereses de los distintos ámbitos (Investigación aplicada o investigación básica). Los que llevamos años en la investigación hemos visto según momentos y años distintas preferencias y tendencias desde las instituciones gubernamentales por el tipo de investigación (más tecnológica o local o más teóricas o básicas). En la actualidad, ¿cómo se valora este tipo de investigaciones? ¿Existe complementariedad o competitividad entre ellas (biología Molecular, fisiología, funcionamiento y respuesta de la planta con el medio, producción agrícola)? ¿Qué equilibrio entre investigación básica y aplicada sería el adecuado?

EP: Todos estos elementos resultan necesarios tanto a nivel macro (la AEI, los OPIs) como a nivel micro (los centros o los grupos de investigación). Es preciso mantener un equilibrio entre la investigación más básica, la aplicada y la transferencia para que el trabajo del investigador se pueda convertir en crecimiento económico y en empleos de calidad. Este es precisamente el objetivo principal de la Comisión Europea en estos días. Por ejemplo, en el Programa Horizonte 2020 vemos cómo se ha aumentado importantemente el presupuesto del European Research Council, al tiempo que se han modificado buena parte de los subprogramas de investigación aplicada para acercarlos a la innovación empresarial. En España se mantienen los programas derivados a la investigación menos orientada, pero en la última década han aumentado los programas en colaboración con empresas, que tienen muchas modalidades diferentes. Estos programas se están ejecutando tanto desde el Ministerio directamente como desde el CDTI. En un país que tiene cifras de desempleo inaceptables, nadie puede negarse a realizar un esfuerzo para que los resultados de la investigación sirvan para reactivar el crecimiento económico. Los investigadores tenemos una responsabilidad directa sobre la mejoría de la actividad económica y sobre el empleo, particularmente de los jóvenes más preparados. En mi experiencia como investigador y como gestor de la ciencia a menudo he visto cómo diferentes tipos de investigación luchan por los recursos en un contexto muy competitivo. Es interesante observar cómo los grupos de investigación más exitosos a menudo son capaces de moverse desde la investigación más fundamental a la transferencia al sector. Como Coordinador de Área de Ciencias Agrarias del CSIC, toda la investigación que realiza el área resulta útil, y toda encuentra un lugar en la cadena que va de la generación del conocimiento hasta el desarrollo económico y social. La investigación que más me preocupa es sin duda la que no podemos hacer.

  • SEFV: Actualmente, la rigidez y poca flexibilidad en gastos, gestión y justificación de los recursos propios de los investigadores, etc., pueden llegar al cansancio de los propios investigadores, y pueden suponer una merma para participar en las distintas convocatorias. ¿Está previsto que la Agencia minimice estos problemas o aumentará la burocracia?

EP: En estos días difíciles para la I+D+i todos tenemos momentos de desánimo. Es cierto que parece que vivimos en una época de rigores administrativos y de control del gasto. En las circunstancias actuales, los OPIs y las Universidades deben de intentar mantener y mejorar la motivación de los investigadores. Solo así podremos cumplir nuestra función social. Este es un trabajo muy vocacional, en el que lo retos a menudo los marca el propio investigador, y son retos frecuentemente personales. La motivación es pues esencial para mantener la ambición científica. No es previsible que la Agencia Estatal de la Investigación aumente la burocracia a la que se enfrentan los investigadores. Desde luego, estoy seguro de que no es este el objetivo con el que se ha creado. Tampoco creo que la Agencia pueda aumentar la motivación de forma directa. Los aspectos que motivan a los investigadores son la capacidad económica de las convocatorias de proyectos de investigación y la oferta de plazas de investigador (incluidas las de promoción). Estos aspectos los seguirá regulando el Ministerio, aunque será la Agencia la que gestione las convocatorias de proyectos. Es pues la voluntad política la que puede hacer que los investigadores encuentren mejores medios materiales y humanos para desarrollar su trabajo. La Agencia puede aportar aspectos adicionales muy importantes, como flexibilidad en la ejecución y un bajo nivel de burocracia.

  • SEFV: Por tu experiencia como Coordinador de programas de investigación europeos, ¿crees que los temas prioritarios financiados por Europa coinciden exactamente con los intereses de cada uno de los países integrantes, o hay algún país que tiene más influencia a la hora de delimitar los retos? ¿Cómo ves la investigación en relación con la fisiología o ciencias agrarias en España en relación con otros países de nuestro entorno. ¿Tienen una planificación científica más definida que la nuestra en estos temas?

EP: Las discusiones que dan lugar a los programas Europeos de I+D+i son largas y muy participativas. Muchos investigadores europeos participaron en su momento asesorando a los gobiernos de sus países acerca del diseño de programas como Horizonte 2020. Además, todos fuimos invitados a consultas públicas, incluida la consulta para definir el propio nombre del programa. Es cierto, por otra parte, que a la hora de recoger las sensibilidades de los países miembros, las mayorías son las que forjan el texto final. Todo este ejercicio se desarrolló de forma abierta en largas discusiones que sentaron las bases del programa que actualmente se está ejecutando. Es difícil responder a la pregunta de si algún país tiene más influencia que otra. A la hora de influir en las decisiones – aunque cada país tiene un voto – el tamaño y la potencia científica e innovadora de cada país tiene importancia… esto es completamente normal. La investigación española sobre fisiología o sobre ciencias Agrarias es puntera en el mundo. A título de ejemplo, en este año pasado completamos un estudio en la Comisión de Área de Ciencias Agrarias del CSIC en el que quedó claro que el CSIC puede compararse perfectamente en capacidad científica con el INRA o el USDA-ARS cuando se estandariza por el número de investigadores. Otra cosa es que podamos compararnos con estas instituciones desde el punto de vista de la transferencia o la innovación, aspectos en los que en general la ciencia española todavía tiene recorrido. Cuando se comparan los programas científicos de España con los de otros países, se observa que en España hay una gran tradición de programas de investigación no orientada, mientras que en otros países es más frecuente encontrar programas orientados que responden a problemas específicos. Este hecho está sin duda relacionado con el hecho de que en España en general prima la investigación sobre la innovación.

  • SEFV: ¿Cuál es tu papel en el desarrollo de la JPI del agua en Europa? ¿Qué significa realmente? ¿Cuáles son los programas y temas financiados hasta el momento y cuáles serán financiados próximamente? ¿Hasta qué punto habría que potenciar este tipo de convocatorias para enlazar la financiación y los programas europeos con los nacionales? Háblanos de la importancia de España en este JPI.

EP: Mi papel como coordinador de la JPI del agua terminó en noviembre de 2015, tras cinco intensos años en los que MINECO fue el líder europeo y yo el coordinador en su nombre. Creo que para España ha sido un éxito el haber coordinado una de las diez JPIs que se han puesto en marcha, y que en estos años MINECO marcó un nivel de gestión muy alto. Las iniciativas de programación conjunta (JPIs, por sus siglas en inglés) suponen una transformación de los programas de I+D+i de los países Europeos. Las autoridades nacionales pactan en las JPIs una agenda estratégica de I+D+i y un plan de implementación al que asignan parte de sus recursos económicos. Los temas de las JPIs han sido seleccionados para responder a retos sociales relevantes a nivel europeo. Las convocatorias de las JPIs son el embrión de una nueva forma de financiar y ejecutar la I+D+i Europea de forma autogestionada, descentralizada y ágil. También son una evolución acerca de la co-propiedad de los programas de I+D+i por parte de los países europeos interesados, y una forma coordinada de ejecutar el programa Horizonte 2020. Esto es así ya que la mayor parte de las convocatorias de las JPIs cuenta con una cofinanciación Europea del 33%, que podría llegar al 50% en un futuro. La JPI del Agua ha servido para que España mostrara liderazgo en un tema que le es muy propio. Hasta ahora esta JPI ha llevado a cabo dos convocatorias de proyectos, sobre contaminantes emergentes y sobre aspectos industriales del uso del agua. La tercera y mayor convocatoria hasta la fecha, preparada en coordinación con FACCE JPI, se anunciará en el primer trimestre de 2016, y tratará sobre el agua en la agricultura. Si España ha tenido un gran éxito en las dos primeras convocatorias de Water JPI, estoy convencido de que en esta tercera seremos líderes en proyectos financiados.

  • SEFV: Como Gestor que has sido de la Subdirección General de Proyectos de Investigación en España, ¿cuáles son los proyectos mejor financiados (buenas ideas, grupo investigación conocidos, objetivos que resuelven problemas reales)? ¿Crees que los proyectos de investigación se deben abordar en los distintos centros por grupos pequeños o grupos grandes interdisciplinares?

EP: Si una cosa me ha quedado clara de mi experiencia como Gestor del Subprograma Agrícola y Forestal es que los grupos de investigación tienen muchas maneras de abordar los temas, y que cada una de estas maneras se muestra muy efectiva en su ámbito. Así, cuando se abordan temas relacionados con los sistemas agrarios, como su sostenibilidad o su productividad, los grupos tienden a ser multidisciplinares y amplios. Cuando la investigación es más básica, como a menudo ocurre con diversos ámbitos de la biología, los grupos son muy limitados, y básicamente cuentan con un investigador de plantilla. A lo largo de los años he visto que la excelencia se puede encontrar tanto en un modelo como en otro. De la misma manera, los investigadores solicitan y pueden conseguir financiación variable. Esta financiación responde a factores como el tamaño del equipo y el coste de las técnicas empleadas. La financiación conseguida generalmente guarda relación en el sistema español con la calidad que los evaluadores han apreciado en la propuesta. En resumen, la naturaleza del proyecto es la que debe de dictar tanto el tamaño del grupo como el presupuesto necesario para llevar a cabo un proyecto. Nuestro Plan Estatal de I+D+i no establece apriorismos sobre esto temas.

  • SEFV: Como coordinador de Ciencias Agrarias del CSIC, ¿qué importancia tiene el área en el contexto del CSIC? ¿Cómo ves el futuro del área?, ¿hasta qué punto la agronomía, la fisiología, bioquímica o bióloga molecular están representadas en esta área?

EP:  El Área de Ciencias agrarias representa entre un 13 y un 14% del CSIC atendiendo al número de investigadores. Este tamaño le confiere una clara importancia dentro de una institución que cubre todo el espectro de la ciencia y la tecnología con ocho áreas científico-técnicas. La fisiología, la bioquímica o la biología molecular cubren entre la tercera parte y la mitad del área. Es difícil realizar estimaciones más precisas porque los límites entre las especialidades científicas están cada vez más difusos. He separado esta estimación a la agronomía, que puede entenderse en un sentido amplio o bien en un sentido estrecho, como la agronomía de los cultivos. En este sentido estrecho el área de ciencias agrarias cuenta con muy poco personal científico y con poco personal en formación. Otras áreas científicas parecen haber encontrado más atractivo entre los jóvenes investigadores.

  • SEFV: Si todos los científicos que están formados o en fase de formación no tienen cabida en los distintos organismos, e incluso tampoco la oportunidad de seguir con las etapas finales (posdoctorales) propias de la carrera científica, ¿merece la pena seguir invirtiendo en ellos en las etapas más iniciales?

EP: Bueno, está visto que no me tocan preguntas fáciles. Para responder a esta pregunta es preciso recordar la historia de la ciencia Española, que tenía un perfil muy bajo hasta la transición democrática que comenzó aproximadamente con la década de los ochenta. En ese momento, la incorporación al sistema de I+D+i agrario español de la generación formada con becas del Banco Mundial puso los cimientos para un crecimiento exponencial de nuestras capacidades. Lo mismo ocurrió con otras especialidades científicas, y así es como hemos llegado a la primera década de este siglo como novena potencia científica mundial. Este crecimiento impresionante tiene algunos aspectos de debilidad. Entre ellos, el énfasis en la investigación frente a la innovación, o la escasa capacidad del sistema de autorregularse. Hablando entre conocedores del mundo agrario, podemos decir que nuestro sistema científico es vecero, y que no ha encontrado la forma de tener un crecimiento estable con una planificación a medio plazo. La formación de doctores que se lleva a cabo en los centros de I+D+i Españoles responde a mi juicio a las necesidades del país. Estas necesidades no son sólo las del propio sistema científico, sino que engloban también al sistema privado, que debe de aumentar muy importantemente su demanda de profesionales de la I+D+i. Por otro lado, si bien la oferta de personal formado es estable y está a mi juicio correctamente dimensionada, no se ha conseguido hasta la fecha que la demanda pública sea sostenida en el tiempo y esté guiada por una estrategia a medio plazo. La demanda de científicos por el sector público está más relacionada con las disponibilidades presupuestarias que con las necesidades. En estos años de crisis estamos asistiendo a la creación de una enorme bolsa de científicos de primera categoría que conforman una generación que nunca antes hemos tenido. El sistema español no parece estar en vías de absorberlos. Así las cosas, buena parte de estos profesionales están encontrando un futuro en otras instituciones del mundo, en los que su capacidad de ganar plazas da otra prueba de su valía científica.

  • SEFV: ¿Crees que los políticos influyen de manera determinante en la planificación científica o se dejan asesorar por los investigadores y personas que conocen bien los problemas existentes en los distintos campos de la investigación? Por ejemplo, lo referente a los temas de cambio climático o aprovechamiento de los recursos naturales.

EP: En España no tenemos una fuerte tradición de realizar investigación para dar soporte a políticas. Mientras que en otros países Europeos los investigadores dedican parte de su tiempo a guiar las políticas públicas con los resultados de sus investigaciones, en España esta actividad es incipiente. En España el Gobierno y los Ministerios no cuentan con puestos permanentes de consejero científico, que son frecuentes desde hace décadas en países de nuestro entorno. Los científicos pasan a primera línea cuando se trata de guiar la respuesta a situaciones de emergencia, como el Prestige o el Ébola. Es preciso que esta situación se reconvierta, ya que algunos problemas de la sociedad necesitan respuestas que tengan rigor científico y que anticipen los problemas. Este es en efecto el caso del cambio climático o del aprovechamiento de los recursos naturales. Sin embargo, otros problemas más directamente relacionados con el ámbito agrario necesitan igualmente una constante interacción con el conocimiento científico. Este es el caso, por ejemplo, de las enfermedades emergentes de las plantas y los animales, la soberanía alimentaria o el uso de plantas transgénicas.

María Jesús Sánchez Blanco

  • CEBAS-CSIC

 

 

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