Ciencia para todos desde el CEBAS

Pedro Martínez-Gómez, Investigador científico del Departamento de Mejora genética vegetal, CEBAS-CSIC

Francis Galton (1822-1911) era miembro de una familia acomodada dedicada a la banca de Birmingham en Inglaterra. Desde pequeño fue instruido para ser médico por deseo expreso de su progenitor. Era nieto del célebre médico Erasmus Darwin (1731-1802) y primo de Charles Darwin (1809-1882). En este contexto recibió una exquisita educación de niño y joven recorriendo durante sus vacaciones junto con avanzados estudiantes de medicina hospitales de Inglaterra, Francia y Alemania [1].

Sin embargo ya desde muy joven se manifiesta en él un interés por las matemáticas y la medición que a la postre sería el origen de su mayor legado científico, la constitución de la bioestadística como base en los estudios de herencia, genética humana y antropología.  También se habla de él como el precursor de la psicología experimental. Por eso concluye estudios de matemáticas y cuando retoma los estudios de medicina a la edad de 22 años fallece su padre dejándole una respetable suma de dinero  que le permitirá el resto de su vida dedicarse a la investigación sin preocupaciones económicas.

En este punto indicar que tras abandonar sus estudios de medicina se dedica a viajar por el mundo y comienza sus estudios como geógrafo  y posteriormente como meteorólogo. Además en 1853 se casa con una mujer procedente de la intelectualidad de Cambridge que colmó sus expectativas de continuar en el mundo científico como estadista en el campo de la geografía o meteorología.

Sin embargo, tras este momento álgido, en los años sesenta de este siglo XIX y cuando pasaba de los cuarenta sufre una verdadera crisis vital en los dos aspectos en los que había puesto su energía vital. Por un lado tiene continuas disputas con los miembros de la Sociedad Geográfica, además de continuas críticas a su trabajo como meteorólogo  y, su libro sobre Suiza también es un fracaso. Por otro lado, no tiene hijos y piensa que la razón está en algún tipo problema de esterilidad suyo.

Esta situación de angustia vital hace que tras leer el libro de su primo Charles Darwin sobre El origen de las especies decide sin ataduras económicas, ni profesionales, ni sentimentales ya que no tenía hijos, dedicarse a llegar donde Charles Darwin no había podido llegar, a la aplicación de estas teorías de selección natural en la mejora de la especie humana, lo que se llamaría Eugenesia. Galtón dispuso de una fortuna personal para dedicar su inteligencia y su energía al cultivo de su tema favorito: la medición como herramienta para caracterizar al ser humano [2]. En este punto decir que Charles Darwin casado con su prima Emma Wedgwood tuvo 10 hijos algunos de los cuales padecieron enfermedades y fallecieron en la infancia. Él pensaba que estas anomalías podían tener un origen genético debido a la consanguineidad con su esposa y prima [3]. Darwin en su obra sobre El origen del hombre si bien explica la procedencia y evolución del hombre desde los primates no se atreve a inferir lecciones sobre la mejora de la especie [4].

La Eugenesia era para Galton una fuente de motivación inagotable que le hizo desarrollar una serie de herramientas matemáticas de análisis, estadísticas, para poner a punto su objetivo vital “mejorar la raza humana”. Además esta dedicación a la Eugenesia era una forma  de expiar los pecados que él cree que tenía al no poder disfrutar de descendencia. Este sentimiento perverso quizás es el que esté siempre detrás de cualquier práctica eugenésica.

Debía dedicarse a la identificación y el control de los tipos de seres humanos más o menos deseables según los criterios de la Inglaterra Victoriana y puritana para controlar su reproducción. La idea era fomentar la procreación en los individuos que mejoraran la raza (eugenesia positiva) y evitar la procreación de los individuos indeseables (eugenesia negativa). Este aspecto que podría considerarse como el inicio de la genética humana como especialidad, llevó a Galton a realizar un sin fin experimentos que en algún sentido rozaban el ridículo, como los llevados a cabo para identificar el gen de la tontería en humanos.  También comenzó estudios sobre frenología, basados en asociar rasgos de la cabeza con cualidades mentales o intelectuales [5]. En 1984 incluso instaló en la Exposición Internacional de Londres un laboratorio para para evaluar la capacidad intelectual de cada persona que obtenía su valoración previo pago de unas pocas medidas [2].

Por otro lado, sus estudios estadísticos utilizando la campana de Gaus para analizar el comportamiento humano se mantienen hasta hoy mismo en algunas parcelas de la ciencia. También el uso de la bioestadística para explicar  y predecir aspectos de la conducta humana ha estado en vigor hasta tiempos recientes.

Sir Francis Galton

Sir Francis Galton

Fue suya también la famosa frase sobre Nature o Nurture (genética o educación) que polarizará hasta nuestros días el peso de la genética en el comportamiento humano. Él por supuesto era partidario de la Nature al 100%.

Sin embargo como ya hemos comentado lo que con toda probabilidad estigmatizó a Galton fue su apostolado de la Eugenesia. Probablemente en la parte científica era un visionario en cuanto a la percepción y el análisis de la conducta humana, pero su afán por divulgar sus ideas sobre la mejora de la raza incluso indicando que la propia Inglaterra degeneraría si no se seguían sus consejos, fue lo que lo condenó.

Pero esta idea de mejorar la raza humana se extendió como una mancha de aceite y se realizaron registros eugenésicos en multitud de países además de laboratorios especializados. Estos laboratorios comenzaron en Inglaterra pero pronto en EEUU fue donde más prosperaron, además de en otros países como Francia y Alemania. También aparece en el desgraciado libro de Adolf Hitler (1889-1945) Mein Kampf. Además en la Alemania del III Reich el tema se llevó hasta el estreno con la publicación incluso de una revista especializada titulada Journal of Racial Hygiene .

Por otro lado hay que añadir que contribuyó al origen de la bioestadística y la genética humana y la creación en 1901 de la revista Biometrika junto con Karl Pearson (1857-1936) y Frank Raphael Weldon (1860-1906), una revista que continúa siendo hoy (en su volumen 101 y con 113 años de historia) una referencia en el campo de la bioestadística (http://biomet.oxfordjournals.org/). Esta revista continúa siendo editada por la prestigiosa editorial Oxford Journals de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

Por tanto a pesar de ser considerado el padre de la bioestadística y uno de los precursores sobre los estudios de herencia y antropología, su nombre ha quedado estigmatizado por la historia al haberse asociado con todas las teorías sobre eugenesia. La unión de evolución y cuantificación forjó una alianza temible y constituyó la primera teoría racista de peso en la historia de la ciencia [2]. Justo es decir que la Eugenesia también fue ampliamente aceptada a principios del S. XX pero después de la Segunda Guerra Mundial, el holocausto judío, los campos de concentración y los experimentos con humanos del III Reich alemán esta palabra se ha considerado más que maldita en cualquiera de los foros científicos posteriores.

Insistiendo en esta situación que puede considerarse como injusta, se podría también mencionar el “buen nombre” de su discípulo Karl Pearson que continuó sus trabajos en bioestadística (con su famosísimo coeficiente de correlación de Pearson) y como no en eugenesia, aunque pasó a la historia de forma más noble.

 

Referencias

[1] Alvarez Peláez, R. (1988) Traducción, introducción y notas del libro sobre “Herencia y Eugenesia” de Francis Galton. Alianza Editorial, Madrid.

[2] Gould SJ (1997) La falsa medida del hombre. Edición revisada y ampliada. Traducción de R. Pochtar y A. Desmonts. Ed. Crítica, Barcelona.

[3] En la web http://darwin-online.org.uk se pueden consultar detalles sobre la vida de Charles Darwin.

[4] El Origen del Hombre, la selección natural y sexual de Charles Darwin traducido en 1880 en la editorial de Trilla y Serra de Barcelona. Disponible en la web http://darwin-online.org.uk

[5] Alonso Peña, J.R. (2013). El escritor que no sabía leer y otras historias de la neurociencia. Ed. TalentBook, Barcelona.

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