Ciencia para todos desde el CEBAS

José A. Hernández Cortés, Investigador Científico del CSIC. Grupo de Biotecnología de Frutales (CEBAS-CSIC, Murcia)

La junta de ampliación de estudios (JAE), fundada en 1907, fue un organismo en el que culminó un proceso lento de renovación pedagógica e iniciación científica en España, que pretendía la modernización o europeización de España, deseo ampliamente difundido por todos los sectores de la cultura nacional del siglo XIX, pero concebido de forma contradictoria por unos y otros. Sin embargo, la situación estuvo precedida de varios acontecimientos que sustentaron creación de la JAE en Enero de 1907.

En 1876 tuvo lugar la separación de un grupo de catedráticos de la enseñanza oficial, creando la Institución Libre de Enseñanza (ILE), figurando como presidente de la Junta Directiva D. Laureano Figueroa, ex-ministro de Hacienda y catedrático de la Universidad de Madrid. Entre los miembros de la Junta Facultativa de la ILE estaban, entre otros, Joaquín Costa, Francisco y Hermenegildo Giner de los Ríos, Segismundo Moret, Nicolás Salmerón, Juan Valera…Se trataba de una asociación formada por accionistas, y en cuyos estatutos determinaron que la ILE era totalmente ajena a cualquier ideología religiosa, filosófica o política, proclamando tan sólo el principio de libertad e inviolabilidad de la ciencia, siendo el Profesor el único responsable de sus doctrinas. Sin embargo, la independencia política, fue más una declaración ética que una realidad. La ILE nunca recibió dinero público, manteniéndose con las cuotas de los accionistas y con las donaciones, a veces espléndidas, que recibían. El número de accionistas iniciadores era de unos 500, y entre ellos figuraba un joven doctor en Ciencias, ayudante en el Museo de Ciencias, Ignacio Bolívar, vinculado a la JAE desde su creación, y de la que llegó a ser Presidente.

La revolución de ideas pedagógicas introducidas en el país por la ILE, fueron discutidas en el primer Congreso Pedagógico, celebrado en 1882, lo que llevó al Partido Liberal, en el poder por aquel momento, a crear el Patronato General de las Escuelas de Párvulos y el curso normal para preparar maestros para dichas escuelas. Creó también el Museo Pedagógico y reorganizó la Escuela Normal Central de maestras. El Museo Pedagógico fue el primer organismo autónomo sufragado con dinero público. Entre sus funciones básicas se incluían el estudio de los problemas modernos de la pedagogía, dar a conocer en España el movimiento pedagógico del extranjero y la formación de maestros, inspectores y profesores de Escuelas Normales. Además, servía como centro de ensayo para programas y material escolar y de centro documental de libros y revistas para profesores y alumnos.

A la necesidad de la formación de profesorado responderá la JAE de forma prioritaria en su programa de pensiones (becas) dentro y fuera de España. Por otra parte, el Museo Pedagógico compartió con la JAE la publicación y difusión de las experiencias vividas por los profesores españoles en el extranjero.

En 1892 se celebra en Madrid el primer Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América. En la sección de Enseñanza Superior, Rafael Altamira presenta una ponencia titulada “Pensiones y Asociaciones Escolares”. En esta ponencia se defiende la necesidad de que se atiendan los estudios históricos nacionales, de que el periodo idóneo para la formación científica se localice en el Doctorado, que se descentralice la Universidad creando Cátedras en provincias, y, sobre todo, la creación de pensiones para la ampliación de estudios, análogas a las concedidas en otros países. De todas estas propuestas pronto se hicieron ecos tan distinguidos como el de Joaquín Costa.

Pronto llegó el desastre colonial y la liquidación definitiva del Imperio español. Se comienza a luchar por la creación de un ambiente donde se produzcan trabajos científicos con un poco de originalidad. A raíz del 98 se intensifica el fenómeno asociacionista e institucional con fines educativos y científicos, situándonos en lo que algunos historiadores calificaron como “Edad de Plata de la cultura española”. Desde 1900 se contó con un Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes independiente de los demás ministerios y en igualdad de condiciones que ellos. Uno de sus primeros ministros, el Conde de Romanones, reconocía públicamente que “nuestra accidental inferioridad en todo lo que se refiere a la enseñanza depende principalmente del aislamiento en que vivimos, de nuestra poca o ninguna comunicación con el extranjero”. Poco después, el mismo Conde de Romanones intervenía, junto a Amalio Gimeno, Giner y Castillejo, en las primeras reuniones y contactos que años después darían lugar a la creación de la JAE.

Creación de la Junta de Ampliación de Estudios

Por fin en 1907 se creaba la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, refrendado por el político liberal Amalio Gimeno, ministro de Instrucción Pública del Gabinete de Antonio Aguilar. Pocos días después, pasaba el Gabinete a manos del conservador Antonio Maura, haciéndose cargo del Ministerio de Instrucción Pública Rodríguez San Pedro que, en los casi tres años en los que estuvo al cargo se hizo notar su presencia alicortando los vuelos con los que, según su opinión, se había creado la JAE.  Uno de los principales objetivos, reflejado en el acta fundacional de la JAE, era la de formar personal docente futuro, y dotar al actual de medios para seguir de cerca el movimiento científico y pedagógico de las naciones más cultas. La vista estaba puesta, sobre todo, en Alemania. Por ello, la JAE prestó una especial importancia a las pensiones, y por ello la JAE fue más conocida como “Junta de Pensiones”. No obstante, en el mismo decreto se sugiere qué hacer con los pensionados a su vuelta a España, que es donde realmente habría de producirse el beneficio de la inversión.

Acta constitucion JAE

Se dispone que la JAE tenga a su cargo: El servicio de ampliación de estudios dentro y fuera de España; las delegaciones en Congresos Científicos; el servicio de información extranjera y relaciones internacionales en materia de enseñanza; el fomento de los trabajos de investigación científica y la protección de las instituciones educativas (secundaria y superior).  Así mismo se le concede a la JAE la capacidad para crear nuevos centros de actividad investigadora; residencias y asociaciones de estudiantes; una “Caja de investigaciones científicas” para difundir los trabajos de los pensionados que tengan la obligación de redactar una Memoria de su actividad, y finalmente, expedir certificados de suficiencia, que daban derecho a ocupar plazas de Auxiliares numerarios en Universidades, Institutos y Escuelas dependientes del Ministerio de Instrucción Pública. Se insiste en la necesidad de que el órgano creado ha de ser neutral de manera que “colocado fuera de la agitación de las pasiones políticas conserve a través de todas las mudanzas su independencia y prestigio”.

Sin embargo, esto fue el contencioso que hubo de librar la JAE durante sus 31 años de vida: la dificultad de encontrar un equilibrio entre el Estado que subvenciona y el centro subvencionado que reclama para sí el máximo de autonomía en la administración de los presupuestos asignados, así como en el nombramiento del personal directivo y en la selección de los pensionados. Sin embargo, siendo ya ministro Rodríguez San Pedro, se establece, según un Reglamento publicado el 22 de Junio de 1907, que el Ministerio actuará en una medida justa y necesaria en la administración de los recursos del presupuesto, e incluye novedades respecto al Decreto fundacional de la JAE: que al producirse una vacante de Vocal en la Junta, ésta proponga para su provisión tres nombres al ministro; que en las propuestas de pensionados llevadas al Ministerio haya triple número de candidatos  que de pensiones para decidir desde el citado Ministerio; que el ministro pueda nombrar a sus propios delegados para inspeccionar a la JAE dentro y fuera de España; que los sueldos del secretario y personal adjunto se determine desde el Ministerio; y elimina de los certificados de suficiencia la posibilidad que daban para acceder a las Ayudantías de centros docentes. Y todo ello sin que en los 21 vocales nombrados previamente por Amalio Gimeno despertaran sospechas. Eran los siguientes: Santiago Ramón y Cajal, José Echegaray, Marcelino Menéndez Pelayo, Joaquín Sorolla, Joaquín Costa, Vicente Santamaría de Paredes, Alejandro San Marín, Julián Calleja, Eduardo Vicente, Gumersindo de Azcárate, Luis Simarro, Ignacio Bolívar, Ramón Menéndez Pidal, José Casares Gil, Adolfo Álvarez Builla, José Rodríguez Carracido, Julián Rivera Tarragó, Leonardo de Torres Quevedo, José Marvá, José Fernández Jiménez y Victoriano Fernández Ascarza. Como Secretario estaba José Castillejo y Duarte, que era también el profesor a quién el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes le encomendó el servicio de información técnica y de relaciones con el extranjero.

En 1910, con los liberales de nuevo en el poder, bajo la Presidencia de Segismundo Moret y Antonio Barroso como ministro de Instrucción Pública, se vuelve de nuevo al Decreto Fundacional, derogando el Reglamento de Junio de 1907. Sin embargo, bajo el Directorio de Primo de Rivera y con Eduardo Callejo en el Ministerio, se establecieron normas muy concretas para el nombramiento de vocales y para la administración de fondos. Durante este periodo, la JAE estaba formada por: Ramón y Cajal, Bolívar, Menéndez Pidal, duque de Alba, Casares Gil, Fernández Ascarza, Carracido, Torres Quevedo, vizconde de Eza, conde de Gimeno, Luis Olariana Pujana, Antonio Simoneta Zabalegui, Julio Palacios Martínez, José María Freire, José Ortega y Gasset, José María Torroja Miret, Luis Bermejo Vida, Juan de la Cierva Codorniú, Fernando Álvarez de Sotomayor, Inocencio Giménez Vicente, y Manuel Fernández Fernández.

Santiago Ramón y Cajal

Santiago Ramón y Cajal, primer Presidente de la JAE

José Castillejo, Secretario de la JAE

José Castillejo, primer Secretario de la JAE

En 1930, desposeído del mando  Primo de Rivera, durante el Gobierno de Berenguer y con los Ministros de Instrucción Pública, Duque de Alba y Tormo, se vuelve a la situación de 1910, quedando la Junta constituida de la siguiente manera:

Presidente: Ramón y Cajal

Vicepresidente primero: Ignacio Bolívar

Vicepresidente segundo: Ramón Menéndez Pidal.

Vocales de la Comisión Ejecutiva: José Casares Gil, Gabriel Maura Gamazo.

Vocales: Leonardo Torres Quevedo; Victorino Fernández Ascarza, Manuel Márquez Rodríguez, Joaquín Sánchez de Toca, José Marvá Mayer, Conde de Gimeno,  Vizconde de Eza, Duque de Alba, Fernando Álvarez de Sotomayor, Juan de la Cierva Codorniú, José María Castellarnau Lleopard, Antonio García Tapia, Teófilo Hernando Ortega, Inocencio Jiménez Vicente, José María Torroja Miret y Juan Zaragüet Bengoeche.

Secretario: José Castillejo y Duarte.

Vicesecretario: Francisco López Acebal.

En cualquiera de las etapas, la cualificación de los miembros de la JAE fue diversa. Se buscaban representantes prestigiosos en Ciencias, Letras, Derecho, Medicina, Técnica y Bellas Artes, e igualmente había miembros de la nobleza, pero se echaba en falta miembros de la iglesia, sobre todo en algunos momentos exultantes de patriotismo y confesionalidad como fue la etapa de Primo de Rivera. En esta ocasión, el Consejo de Instrucción Pública, donde se trataban los asuntos de la JAE en el Ministerio, contaba con el Obispo de Madrid-Alcalá y de un sacerdote, como representante de la enseñanza no oficial.

A partir de 1931, con el segundo intento fallido de la República, se suceden altas y bajas en la JAE, debido sobre todo a la aparición de nuevas instituciones dedicadas a la investigación y a la renovación pedagógica. Una de las más significativas es la de José Castillejo, secretario de la JAE desde su fundación, a quien se le atribuye de forma justificada el éxito de la misma. Fue el artífice de la creación de la Residencia de Estudiantes, que puso en marcha incluso con la oposición del Congreso. En 1932 Castillejo fue nombrado Director Administrativo de la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reforma, siendo sustituido en la JAE por Ramón Prieta Bances.

Durante la Segunda República la JAE alcanzó su mayor cota de autonomía. En 1932, siendo ministro de Instrucción Pública Fernando de los Ríos, la JAE vuelve al Reglamento de enero de 1910. Además, faculta  la Junta para que proponga la cooperación del personal del Ministerio para apoyar la investigación científica. Entre los Catedráticos que se liberaron de su labor docente se encontraban Menéndez Pidal, Asín Palacios, Fernández de Castro y José Marí Pabón. El presupuesto con el que contaba la JAE en aquella época era cuantioso, lo que provocó la irritación de diversos sectores. Uno de ellos fue la Universidad que vio amenazada su labor investigadora. La JAE promovía trabajo en laboratorio y seminarios, donde los jóvenes emprendían trabajos de investigación de calidad dirigidos por prestigiosos profesores. Esta iniciativa, sin embargo, a pesar de los recelos, benefició realmente a la Universidad.

Fernando Giner de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública en 1932

Fernando Giner de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública en 1932

Las antipatías de la Universidad no eran nuevas. Ya en 1918 se convocó un Claustro extraordinario en al Universidad de Madrid para decidir si era lícito que un catedrático participase en las actividades de la Junta. Al alegato de los disconformes contestó Ramón y Cajal: “Yo creo, señores, que no estamos haciendo nada malo en esa Junta, hacemos investigación científica y nada más. No me parece que merezcamos ser expulsados de la Universidad por realizar fuera de ella tal clase de actividades”.

Otro motivo de censura fue la acusación de parcialidad en la concesión de pensiones. Se corría la voz de que la Junta era sectaria y que excluía a los posibles candidatos de “derechas”. Finalmente, otra de las quejas que sufrió fueron las discusiones sobre su presupuesto. Al margen de estas protestas por el presupuesto, la Junta contó con donativos de diversas procedencias, con frecuencia de españoles afincados en Sudamérica. Incluso hubo suscripciones populares, como la promovida para consolidar en 1923 el Instituto Cajal, creado en 1920. En este caso se recaudó un millón de pesetas en Sudamérica, frente a las 500.000 pesetas recogidas en España. En ese mismo año, John R. Rockefeller fundaba en Nueva York el “International Educational Board”, del que en 1926 la JAE recibió 420000 dólares para construir y equipar un edificio en Madrid destinado a los estudios de Física y Química. Otros recursos de los que dispuso la JAE procedían de bienes adquiridos, heredados o legados, el importe de sus numerosas publicaciones, los ingresos reportados por las enseñanzas impartidas en sus centros, los ingresos procedentes de la Residencia de Estudiantes, las cuotas anuales de los que se matriculaban en la Sociedad de Cursos y Conferencias, además de las subvenciones del Estado recibidas para realizaciones concretas.

Bibliografía

Esta información es un resumen de parte de un artículo publicado en la revista Mundo Científico:

Antonio Moreno y José Mª Sánchez Ron (1987) La Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas: La vida breve de una fundación ahora octogenaria. MUNDO CIENTÍFICO, nº 65, Enero 1987. Páginas 18-33.

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Comentarios en: "LA JUNTA DE AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS: EL GERMEN DEL CSIC (Parte 1)" (3)

  1. […] Esta entrada es el resumen de una parte de un artículo publicado en la Revista Mundo Científico. La semana pasada se publicó la primera parte (https://cienciacebas.wordpress.com/2013/10/29/la-junta-de-ampliacion-de-estudios-e-investigaciones-ci&#8230😉 […]

  2. […] Maria Montserrat Capdevila (1905-1993), matemática y astrónoma becada por la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar en la Sorbona y primera matemática en ser profesora en la Universidad de Barcelona, […]

  3. […] de la ILE estuvieron la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), antecedente del actual CSIC, y la Residencia de Estudiantes. Hay que mencionar que entre los becados por la JAE hubo incluso […]

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